Lunes, 14 de agosto de 2006, 23:17
Whenever, wherever...
Floto pero no estoy mojada. Es como si el río, o lo que sea esta corriente que me arrastra suavemente, fuese una especie de cinta transportadora ingrávida e invisible. A ratos simplemente me dejo llevar y otras me sumerjo y buceo en la corriente, mientras a mi alrededor empiezan a materializarse trocitos de mundo.
Cris trata de aferrarme y por un momento me asusto. Me siento tranquila, descansada, en paz... No vengáis tú y tus inútiles explicaciones de algodón de azucar a estropeármelo, por favor... Afortunadamente el pasillo-burbuja me protege y sus brazos se hacen humo cuando trata de atravesar el espacio que me envuelve. Jódete. Eres un fantasma. Sigo deslizándome y las apariciones se suceden. Mar se ríe mientras se mira la barriga. Qué guapa está la cabrona... Un poco más abajo Inma y Vero me hacen señas para presentarme a cincuenta de las diez mil personas que las rodean y cacarean sin ton ni son. En la otra orilla mi jefe agita unas traducciones que quiere para ayer. Lo siento, chicos, es que no conduzco yo... adiós, adiós, os veo luego....
¡Hey! ¡Mira quien está ahí! ¡Es Nepo! ¡Nepoooo, yujuuuuuuuu! Está espatarrado todo lo largo que es en el sofá, así que aún quepo... Me guiña un ojo y trato de alcanzar la orilla. Aquí sí me gustaría quedarme pero la corriente me tiene dulcemente atrapada y, tras unas cuantas brazadas inútiles, agito un brazo como despedida y le lanzo un beso y una sonrisa, resignándome a seguir cayendo. Al menos lo mío es un decorado amazónico medio New Age (juraría que llevo hilo musical de fondo) y no una madriguera oscura y repleta de telarañas, como la de Alicia. Y a mí me la sopla adónde vaya el conejo, lo que disfruto es la sensación de sentirme viva y en paz.
Veo a Kivrin, me está esperando para terminar de contarme si realmente está en 1320 o si el deslizamiento temporal dará un giro inesperado a El Libro del Día del Juicio Final. Más allá hay un manzano de frutos dorados que se desvanece y luego vuelve a brillar. Aparece la playa, que se extiende hasta donde alcanza la vista. Mmmhh... quiero tumbarme cual lagartija al sol. Me consuelo pensando que mañana es fiesta y podré disfrutarla. ¡Hey! Un momento, ¿eres consciente de que mañana es fiesta? ¿Estás despierta? —me susurra una Eride (en voz bajita, por si acaso). Nooooo... estoy dormida, cállate y no lo estropees. Me veo a mí misma tumbada en la cama boca abajo culebreando contra el colchón, acariciando con todo mi cuerpo las sábanas de color naranja budista y sumergiéndome de nuevo en la corriente.
Chicas, chicas, no estamos despiertas pero tampoco completamente dormidas, que alguna más espabile y me ayude a controlar este sueño, ¡podemos elegir!
Al momento puedo ver la playa. Nepomuk sigue tumbado en el sofá bajo la sombra de unas palmeras. A él le está declamando en voz alta Noséquién (afamado poeta) un rollo patatero más cursi que un repollo con lazos, pero el sofá se ha hecho enorme y nos están guardando un sitio a Kivrin y a mí. ¡Juraría que lo que tiene al lado es un mueble-bar! La corriente me lleva lenta pero directamente hacia ellos y cuando estoy a punto de alcanzarlos retumba la voz de la Diosa Caníbal del Amazonas:
—¡A COMEEEEEEEEEEEEEEEEEEEER!
(i)Responsable: Eride | La Pera Infiltrada | Notas (13) | Referencias (0)