Miércoles, 09 de agosto de 2006, 19:26
Deprimirse o no deprimirse, ¿de verdad te parece un dilema?
La depresión (hablo de la depresión profunda, la que te deja K.O., no la de "ay, que penita tengo"), a mi entender, tiene tres causas:
—Una, la orgánica. A veces el cuerpo no produce suficiente insulina y otras te racanea los neurotransmisores.
—Dos, la evidente. Cuando un cocodrilo se come a toda tu familia sin dejar ni al perro, o te quedas en el paro y a tu mujer le detectan parkinson, uno se deprime. Tampoco es tan difícil de entender...
—Y tres, la más común, porque eres imbécil.
A mí la Dos ni me ha rozado y el tratamiento de la Una me provoca demasiado escepticismo. Primero porque la relación escasez de neurotransmisores=depresión no es tanto un hecho científicamente comprobado como una aceptación popular que todos parecen haberse creído. De hecho, como leí en algún sitio, vendría a ser como deducir, después de inyectarte Frenadol, que es la escasez de éste en tu cuerpo la que te hace escupir los pulmones por la nariz. Del remedio que me da resultado extraigo la causa... no sé, no me convence, por muchos niveles bajos de serotonina que hayan encontrado en pacientes depresivos. Además, esos potingues enganchan. Y para rematarlo, me daba muchísima vergüenza plantarme en la consulta del médico de cabecera y pedirle un examen de mi nivel de serotonina. Es que lloro mucho, el mundo es muy feo ¿sabe? Y el gallego estirao ese, al que una vez (¡YO, YO, YO! ¡FUI YO!) le arranqué una carcajada y comprobé que se sabe reír, me hubiese mirado con cara de póquer desde detrás de sus gafas cuadradísimas y hubiese dicho Aham... mientras seguía tomando notas y su excelente educación le impedía contestarme:
—Bonita, tenemos los pasillos del hospital atestados de enfermos cardiovasculares y cánceres de pulmón. ¿Te importa irte a jugar a otro sitio?
Así que me incluí en la Tres. Eride, cariño, cielo mío, escúchame. Tu lloriqueas porque eres tontadelculo. Ahora tienes dos opciones, seguir regodeándote en el dolor y peregrinar de safariólogo en safariólogo, o admitir que esto es lo que hay. Perrault era un cabrón mentiroso, afróntalo y pon algo de tu parte. Haz que tu cuerpo esté sano porque el cerebro come lo mismo que los riñones, disfruta de los pequeños placeres, aléjate en la medida de lo posible de lo que te provoque dolor o disgusto gratuito, mastica fuerte el que no se puede evitar (como el sufrimiento de un ser querido), comprende que la felicidad es un estado increíblemente fugaz y no un derecho de carácter permanente y, sobre todo, que su ausencia no equivale a su contrario.
Curiosamente funcionó y aunque el mundo jamás se ha vuelto color de rosa, tampoco se ha quedado en permanente negro carbón.
Sin embargo, hay momentos en los que sientes que el mundo se tambalea de nuevo y te aterrorizas acordándote del pozo donde nunca llega la luz. Por un instante te vuelves a sentir flotando en el vacío, sin puntos de referencia, y vuelves a entrar en DEFCON 2. Para estos casos conviene tener un kit de emergencia. El mío, además de un jefe que te da el día libre por teléfono (media hora después de la hora en la que se te suponía en tu puesto) sin hacer demasiadas preguntas, incluye:
— Una sesión Barbie a tutiplen, de las de geles con aroma a manzana verde, toneladas de agua fresca y cremitas no pegajosas con una leve esencia de mandarina.
— Coca-cola a discreción. Según la gravedad, puedes añadir un buen cargamento de nubes de golosina, cualquier cosa con chocolate o lo que sea que te haga tocar el cielo con la lengua (sí, eso también. Es más, eso se basta solo...). Salvo con eso, que no engorda ni produce caries, ten siempre presente el Equilibrio. Vale que te endulces para suavizar el amargo sabor del dolor pero, si tienes tendencia a volverte pelota de playa de Nivea, el abuso lo pagarás en autoestima (subsección aspecto físico) que también la necesitas.
— El beso dulce y fugaz de alguien que te quiera, si tienes esa suerte.
— Música marchosita. Las baladas tristonas están bien para la media horita reglamentaria de sollozos incontenidos pero el resto del tiempo, ¿qué tal si no te atormentas?
— Un cojín antiestrés al que agarrarse fuerte.
— (Solo en caso de verle las orejas a DEFCON 1) El libro "Nación Prozac" de Elizabeth Wurtzel. Ejemplo de como el sentirse miserable puede hacer miserable la vida de los demás. Modelo de estupidez a no seguir (ella se define como grupo 1, que podría ser... yo creo que la línea entre los grupos 1 y el 3 es demasiado difusa). Si andas cerca del fondo de algún pozo, espero que tengas suerte y lo leas a tiempo como yo. Si sigues teniendo tentaciones de montar un numerito después de leer ese libro, lo tuyo es vocación, macho, y en ese caso tu única esperanza es conocer a alguien del Grupo 2, alguien que realmente haya sufrido en la vida, y tratar de morirte de la vergüenza cuando observes que tú te quejas más que él o que directamente no se queja. Con ese libro entendí que la mayoría de los que acostumbran a poner en jaque a todios a las dos de la mañana subiéndose a la terraza a gritar muy fuerte que se van a tirar, o cada dos por tres se toman media caja de aspirinas (más no, que nunca se sabe) y se aseguran de que alguien los encuentre a tiempo, por lo general pertececen al Grupo Tres, imbecilitis galopante. Adictos a su tristeza.
Y por último, lo más importante, procúrate algo que te haga reír. Yo, que soy así de generosa, vengo a hacerte un buen regalo : tres recomendaciones de ciberletras que han pasado al papel.
La primera, el Diario de una Aupairbollo en USA, que primero fue un blog (de los primeros que empecé a leer) y ahora gran parte de él forma un libro que puedes adquirir aquí. Las divertidas peripericias de Asia Lillo en los Estados Juntitos, donde se dedica a mostrarte con muchísimo ingenio y humor esa mezcla de peligrosa arrogancia estúpida y tierna inocencia boba que caracteriza al Imperio.
La segunda, Fuckowski, Memorias de un Ingeniero, escrita por Alfredo de Hoces también está disponible en la red, pero créeme si te digo que vale la pena comprártelo. Carcajadas garantizadas. A mí se me ocurrió la genial idea de leerle ya en la cama. Entre el Proyecto Porsche y Fuckowski y el Sexo, me metí tal ensalada de carcajadas que ya no hubo forma de dormir aquella noche.
Y la tercera, ¿De Otro Planeta? apenas lo he empezado a ojear. En principio su fin no es cachondeo en sí, sino una selección de un montón de blogs que creo que lo único que tienen en común es pertenecer a lesbianas (¿para cuando una Recopilación de Blogs Escritos por Pelirrojas?) pero que en general pinta bastante bien y (motivo por el cual lo añado a esta lista) me han prometido en el prólogo que un buen número de páginas corren de la tecla de Top, que me ha hecho llorar de risa en más de una ocasión.
Ah, y aire. Aire libre. Me voy a pasear al chucho. Nos vemos arriba ;)
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