Jueves, 29 de junio de 2006, 01:49
Yo no lo pedí...
—Yo no me enamoro, Eride —me susurra mientras me muerde el labio inferior.
—Eso no va a ser un problema, créeme.
—Pero me gustaría tener hijos.
—¿Qué te lo impide?
—Te lo estoy diciendo. No quiero una pareja. Las medias naranjas no existen.
—Por supuesto que existen, lo que ocurre es que caducan.
—Pues eso es lo que estoy diciendo.
—Estás mezclando fruta pocha con merinas. En esta época que se las da de cínica y que, en realidad, cree en los cuentos de hadas como no lo ha hecho ninguna sociedad hasta el momento dando por sentado de una forma absolutamente infantil que la infelicidad es sinónimo del estado transitorio de la no-felicidad, lo de envejecer juntos es una utopía, un privilegio reservado únicamente a aquellos pocos dispuestos a luchar muy duro sin ninguna garantía de que no les acabe explotando en la cara. O a los que por bien por pragmatismo, bien por miedo, se conforman, pero eso no tiene por qué significar el fin de la especie.
No es que a mí me importe demasiado el fin de la especie, la verdad. No siento la menor responsabilidad hacia el Hombre ni hacia el planeta pero una de mis aficiones favoritas es ejercer de abogado del diablo y éste me sigue el juego.
—Sólo tienes que encontrar una mujer con la que puedas tener una buena relación, independientemente del plano sentimental. Alguien que realmente quiera tener un hijo por lo que significa en sí mismo y no, como es habitual, como proyección de un sentimiento que puede llegar a desvanecerse.
—Suena como opción inteligente pero en la realidad no funciona. Las mujeres sí que lo tenéis fácil. No necesitáis a los hombres para nada.
Me aferra por las caderas y me atrae hacia sí, para que compruebe por mí misma el incipiente nerviosismo de la hedonista excepción.
—Tú has visto mucha tele. No es fácil para una persona sola criar a un hijo, no hablemos ya de varios...
—¿Cómo que no? Si yo fuese mujer, tendría tres o cuatro yo solo. Jamás se me ocurriría aguantar también a un hombre.
—Ya. Y si yo fuese hombre también afirmaría alegremente que siendo mujer puedo criar cuatro hijos por mi cuenta. Tú has leído demasiado la Cosmopolitan, cariño. ¿Alguna vez te has parado a observar detenidamente las ingentes cantidades de esfuerzo y dedicación que se requieren para educar adecuadamente a un niño? Si yo no quiero ser madre es, entre otras cosas, por la increíble admiración que siento por quienes lo son realmente. Es muy cómodo regarles y echarles un poquito de abono de tanto en tanto mientras Pokemon te los entretiene hasta que ya no tengan remedio. Ser padre debería ser mucho más que eso. Una responsabilidad que no deseo en absoluto. No me siento capaz ni dispuesta a sacrificarme.
No le menciono también que me he topado con muy poquitos hombres cuyos genes valiese el esfuerzo conservar porque sólo reforzaría su teoría. Ya antes me ha estado psicoanalizando y ha decidido que mi búsqueda de paz y mi burbuja, así como mi poco común actitud para una mujer, son consecuencia directa de un corazón roto. Me encantaría ser así de simple.
—No digas eso, Eride. No sabes el privilegio que te ha sido otorgado...
Jope. Si está hasta compungido y todo... No puedo evitar apiadarme :
—Va, no te pongas así... Mira, yo de verdad que es que paso pero si quieres te regalo un par de óvulos y... no sé, te los metes en el microondas o lo que veas, ¿eh? ¿qué me dices? ;-)
De arriba a abajo, yo y mi instinto maternal :
(i)Responsable: Eride | Flora y fauna | Notas (15) | Referencias (0)