Viernes, 02 de junio de 2006, 03:13
No me gusta pero es tarde y hoy tenemos esto o nada. Encima que te traigo algo de Saturno…
Se había puesto a llover. Yo, que soy muy chula, me visto como a mí me da la gana, y no como a un insignificante grupito de nimbo-estratus de un par de kilómetros de espesor se le antoja. Y ahí iba ella : piratitas, camisa sin mangas de un discreto color nomatropelles questaoscuro, bolso de bandolera y gafas de sol en el pelo, sorteando grácilmente gente con paraguas y regresando a la oficina a paso de voy de escaparates, rollo Melendi:
—¿Passsha colega? Soy impermeable. Me la sopla que llueva. No va conmigo…
Cuando llego me encuentro a la Mamma Limón enzarzada con un transportista:
- ¡Señora! ¿A mí qué me cuenta? En el pedido lo pone bien clarito: dejar en la oficina… ¡mire, mire!
- ¡Me da igual lo que ponga! ¡Eso no se puede quedar aquí!
- Oiga, yo no conozco la zona, ¿cómo quiere que encuentre esa casa?
- ¿Qué ocurre?
- ¡Eride, este chico, que quiere dejarnos aquí una jardinera del tamaño de un congelador industrial!
- Señora, que yo no quiero nada. Mi empresa llamó y hablo con una tal..
- ¡Bueno, bueno, bueno! No discutáis, no pasa nada, yo le acompaño —interrumpo, conciliadora. Conciliadora y ágil, que acabo de tener un flashback.
Es ayer por la tarde. Estoy en pleno viaje astral, visitando Saturno mientras me tiro del flequillo. Me siento bajo mínimos y entre algo que requiera neuronas o tirarme a un pozo, si me empuja alguien me quedo con el pozo. Suena el teléfono y me piden una dirección complicada de averiguar, de esas que me hubiera llevado por lo menos siete minutos:
—Mire, es que ahora no está la persona que se está encargando de esto y yo no estoy al corriente pero no se preocupe, hagan el envío aquí a la oficina y yastá.
Resulta que la jardinera va a una urbanización de guiris en el quinto pino, de esas cachondas en las que la casa 4-B está junto a la 9-A. A ellos les da igual porque luego ponen en la pared con letras de hierro bien grandes (o con azulejos de artesanía payesa, los más folclóricos) cosas como VILLA ZAPATO y se quedan tan tranquilos.
Y me mandan a mí de guía, que todavía me pierdo en el centro comercial. Con un pequeño añadido, el que tiene que quedarse finalmente con el parque jurásico de lata se marcha en media hora. Tiempo de sobra, me aseguran tras darme indicaciones. Si está aquí al lado...
El chico se ofrece a llevarme pero yo la última vez que me subí a algo con un repartidor me juré a mí misma que nunca más, mientras besaba el suelo. Prefiero un kamikaze japonés, que al menos sabes a lo que vas y te das un leñazo en condiciones, de los que tienen que venir los de CSI a identificar un dedo meñique. Nada de collarines ni inmovilizadores de columna ni mariconadas.
Veintiocho minutos después conduzco con la cara pegada al limpiaparabrisas, dando vueltas y más vueltas por pequeños callejones residenciales con un camión enorme pegado al culo y repitiendo el mantra:
—Quierosalirquierosalirquierosalirquierosalir…
Por fin llego a una encrucijada y me quedo mirando las calles a derecha e izquierda, en apariencia iguales. Le pido a mi instinto que elija un extremo y, cuando estoy completamente segura, me lanzo por el contrario:
—¡BANZAAAAAAAAAAAAAAAAAAIIIIIIII!!!!
Tras la siguiente curva aparece el cartel : Urbanización QuintoPino.
Sea lo que sea lo que me están haciendo en Saturno, a su manera funciona.
Y otra cosa, Eride: cómprate un puzzle o métete a yonki o lo que sea, pero deja de comer, por lo que más quieras. Busca otra forma de consuelo existencial, que ya está aquí el bikini...
Pie de foto: Síntoma de que tu gato ha pasado mucho tiempo con tu marido.
(i)Responsable: Eride | Neurosis manzanil | Notas (39) | Referencias (0)