Jueves, 09 de febrero de 2006, 02:15
—Eride, no me vas a convencer.
—Eres tú el que predica, guapo, yo no quiero convencerte. Quiero disecarte y estudiarte, a ver qué tienes por dentro.
Tengo un punto débil. El esoterismo. No me refiero a la creencia, sino al proselitismo. Me desespera, me saca de quicio, me crispa los nervios. Sus razonamientos y afirmaciones son, en el 99% de los casos, inconsistentes e incontrastables, cuando no verdaderos disparates. Tú puedes creer lo que te de la gana. Por mí puedes creer en dios, en el tarot, en el Ratoncito Pérez y, si me apuras, en su día te hubiese dicho que hasta en Urdaci, si eso te hace feliz. Pero empieza reconociendo que se trata de un simple acto de fe o, de lo contrario, guárdatelo para ti.
Si a eso le sumas que, antes del colacao, no soy precisamente la persona más agradable del mundo (dejemos lo que ocurrre tras él para otro post, si no te importa), podría decirse que Jaime, aka Metrosexual Namberguan es un jodido kamikaze. Él es de esas personas-gallina, que se acuestan cuando se pone el sol, madrugan mucho y entran por la puerta, ya de buena mañana, exultantes y parlanchines. Mientras que mis gñosdiash vendrían a representarse gráficamente tal que así:
Por eso hoy, cuando aún trataba de despegarme el dedo de la legaña para teclear mi contraseña de acceso al sistema y él ha empezado a intentar convencerme de las maravillas que efectúa cierta curandera
por teléfono, me he pensado seriamente fingir un ataque de epilepsia. La sonrisita forzada con la que he hecho gala de las mejores maneras que soy capaz de mostrar a esas horas a los que osan notar que existo no ha servido para detenerle por lo que, finalmente, he vuelto a picar como buena pardilla y he tenido que aguantar que respondiese a objeciones basadas en la lógica y la ciencia existente con los típicos
pues al cuñado de la prima de mi mujer.
Mención especial para el momento en el que me ha espetado:
—¡En todas las profesiones hay payasos! ¡Mira el anestesista ese que ha contagiado de hepatitis a nosecuantos pacientes!
Después de lo cual a mí se me ha quedado la misma cara que se le pondría a Cañizares si Kluivert se le planta delante en plena Champions con el balón bajo el sobaco para soltarle, tan campante:
—Jaque.
Le he acabado rogando desesperada:
—¡Por lo que más quieras! Vale que tecnológicamente hablando te asemejas a un neanderthal, pero por lo demás eres un tío inteligente y formado, con estudios, has dirigido la sucursal de una empresa internacional, eres uno de los máximos cargos políticos de la zona, sabes perfectamente lo que es el efecto placebo, ¿cómo, en el nombre del cielo y del siglo XXI, puedes realmente creer que alguien cura las insolaciones por teléfono?
—Tus lagunas culturales son inmensas y es muy fácil negar desde la ignorancia— ha sentenciado Buda.
—Sí, yo soy la ignorante y tú el que paga 20 euros para que le recen la versión hindú de Yellow Submarine, notejode…—he replicado yo, a 20 decibelios más de lo que cabría esperar. Con lo que, además de ignorante, me he ganado la etiqueta de intolerante.
En realidad no sé si viene a cuento, pero a lo que llevo todo el día dándole vueltas es a una discusión que tuve, hace varios años, sobre el origen del universo. Alguien me insistía en que al famoso huevo cósmico le faltaba una Gallina pero, claro, las gallinas por aquellos entonces no existían, añadió guasón. Yo le repliqué que prefería quedarme sin gallina y seguir mirando el huevo con cara de pasmo, antes que pegarle plumas a un gato y asegurar que cacarea. Pero entonces ya sabía que no hay futuro para la razón y que siempre habrá quien no tendrá problemas en adaptarse a cualquier evidencia y encajar su teoría como sea para conseguir que los huevos sigan saliendo de un culo conocido.
(i)Responsable: Eride | Flora y fauna | Notas (51) | Referencias (0)