Lunes, 16 de enero de 2006, 02:16
¿Qué querías? ¿Que rezase?
Mañana por la mañana sonarán LOS TRES despertadores y no les haré demasiado caso, puesto que habré conseguido dormirme, con suerte, un par de horas antes, y eso después de contar a todas las ovejas, ponerles nombre, bautizarlas con el frasquito de Trêsor (que ya no sé que hacer para librarme de ese jodido matarratas de importación) y trasquilarles con mis tijeritas de la manicura el logotipo de Pikolín en el culo UNA A UNA.
Me levantaré tarde y no me dará tiempo a darme una ducha. Si soy medianamente inteligente y me ducho antes de acostarme, quizás no tenga que enrollar la melena y encasquetarme un gorro para disimular el flamante estilo Vileda que luzco en estos momentos.
En el trabajo, tras más de dos semanas de ausencia, un metrosexual me recibirá diciendo
Jo, nena, traes mala cara… y la marea humana, tras mi retiro ermitaño, será como si me hubieran dejado caer en la cocina de Médico de Familia, con sus Juanis vocingleras y once Emilios Aragones interesadísimos en saber cómo estoy y nada de
bien y sonrisa monalisa, estos son de los de
a mí me lo puedes contar, confía en mí, ¿cómo te sientes? ¿qué te pasa? ¿tienes traumas infantiles? ¿por qué no te subes a la mesa y bailas mientras cantas a Shakira? ¿acaso —oh, aprehensión milagrosa, oh veloz Dios de la Razón—
no nos echabas de menos?
Y eso será lo bueno de la jornada porque, en el asunto laboral, los metrosexuales son fieles al refrán
no dejes para mañana lo que puede hacer ella cuando vuelva y, junto a una montaña de documentos, tendré un collage a base de post-it y reversos de tarjetas de visita de gente
ligeramente molesta porque lleva diez días esperando cualquier chuminada de esas que sólo es posible averiguar si sabes rimar en sánscrito o, como se conoce vulgarmente, dominas el Misterioso Idioma del Futuro. Si controlas con el Excel y sabes numerar las páginas en Word, vamos.
Cuando acabe, me reengancharé a las clases de gimnasia, donde Sandra preguntará a voz de grito que dónde coño he estado el último mes y medio, que si he follado y se meterá conmigo porque seré incapaz de seguir el ritmo del híbrido entre Jane Fonda y el Correcaminos que tenemos por profesora:
—Tsk, mira la juventú… Que te pesa el culo, hermosaaaaaaaaaaaaaaaa (léase con acento de pescadera en pleno mercado)
Después de bordar las oposiciones a Agujetera Mayor, exhausta, iré a cenar a casa de Mar, que vuelve a vivir con su novio y los dos han decidido que su nuevo propósito para el 2006 o, más bien (por el ímpetu) su nueva misión en la vida, es impedirme protagonizar
Bridget Jones 3: A Través del Diario y lo que Eride encontró allí, donde a Eride se le termina de ir la pelota del todo.
Un polvo a tiempo lo cura todo reza el escudo de la ONG
Salvemos a Eride, la cual ha organizado una cena, OTRA (y van tres), donde casualmente el resto de comensales son de sexo masculino, solteros, dotados de más o menos cierta simpatía que yo haya reconocido ante Mar en el último año y todos, sin excepción, últimamente me miran raro. Más o menos como si en lugar de haberles dicho
Eride, vamos a cenar unos amigos en casa, te vienes, ¿eh?, les hubieran preguntado algo así como
Hey, macho, ¿te acuerdas de Eride, la amiga de mi novia? Es rarita pero tiene su puntito. El caso es que se nos ha vuelto a convertir en algo que no termina de definirse entre rana y madrastramala, y buscamos un príncipe por el que ella se anime a dejarse besar, a ver si se convierte otra vez en princesa, se la folla y, mientras manda eseemeeses de amor, se entretiene. ¿Te animas o tú eres más de puenting y deportes más tranquilos?
Y ahora Murphy, si tienes lo que hay que tener, ven y cumple con tu trabajo: jódeme este plan. A ver si se te ocurre cómo.
(i)Responsable: Eride | Neurosis manzanil | Notas (59) | Referencias (0)