Jueves, 03 de noviembre de 2005, 01:40
(Kim Stanley Robinson)
Compuesta por Marte Rojo, Marte Verde y Marte Azul.
La trilogía de Marte no es simplemente una meganovela de ciencia-ficción. Es también, a mi entender, un tratado sociológico, un ensayo humanístico, un motor de ideas que puede llevarte a las conclusiones más insospechadas.
Marte Rojo comienza con el viaje espacial de 100 colonos, 50 hombres y 50 mujeres, que se dirigen al planeta rojo con el objetivo de terraformarlo y hacerlo habitable para el hombre. Espejos en órbita reflejarán la luz sobre la superficie del planeta. En las capas polares se esparcirá un polvo negro que fundirá el hielo. Grandes túneles, de kilómetros de profundidad, atravesarán el manto marciano para dar salida a gases calientes. Y entre tanto, una nueva civilización, una nueva cultura, trata de emerger en el planeta mientras unos se aferran a su pasado terrano y otros comulgan en el Valle Marineris. Políticos contra idealistas, científicos frente a ecologistas, el debate está servido y como muestra, un botón.
[...]
"La belleza de Marte existe en el espíritu humano-dijo con un tono de voz monótono y objetivo, y todo el mundo lo miró con asombro- Sin la presencia humana es sólo una acumulación de átomos, en nada distinta a cualquier otra partícula fortuita de materia. Somos nosotros quienes lo entendemos, y nosotros quienes le damos sentido. Todos nuestros siglos de mirar el cielo nocturno y observarlo vagar entre las estrellas. Todas esas noches de observarlo por los telescopios, mirando un disco diminuto tratando de ver canales en los cambios de albedo. Todas esas estúpidas novelas de ciencia ficción con sus monstruos, doncellas y civilizaciones agonizantes. Y todos los científicos que estudiaron los datos o que nos hicieron llegar hasta aquí. Eso es lo que hace que Marte sea hermoso. No el basalto y los óxidos. [...]
-Ahora que estamos aquí- continuó- no basta con ocultarnos bajo diez metros de tierra y estudiar la roca. Eso es ciencia, sí, y ciencia necesaria. Pero la ciencia es algo más. Es parte de una empresa humana más grande, y esa empresa incluye viajar a las estrellas, adaptarse a otros mundos, adaptarlos a nosotros. La ciencia es creación. La ausencia de vida aquí, y la ausencia de un sólo hallazgo en cincuenta años del programa SETI indican que la vida es excepcional, y la vida inteligente aún más excepcional. Y sin embargo, el significado completo del universo, su belleza, están contenidos en la conciencia de la vida inteligente. Nosotros somos la conciencia del universo, y nuestra tarea es extenderla, ir a mirar las cosas, vivir allá donde podamos. Es demasiado peligroso mantener la conciencia del universo en un solo planeta, podría ser aniquilada."
K.S. Robinson estudió durante cerca de 20 años, en estrecha colaboración con los técnicos de la NASA, la posibilidad de asentamientos humanos en Marte. Quizás por eso su novela es tan increíblemente real. Si buscas trajes de tungsteno y rayos láser mejor te alquilas Star Wars.
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