Martes, 18 de octubre de 2005, 02:12
Echa un vistazo al link NO A LA TRAZA PRIVADA SIN CONTROL JUDICIAL que tienes en la sección "Deberías saber que existen" del menu. Esto es cosa de todos.
Gracias Enhiro por informarme.
¿Recuerdas que te dije que de cuando en cuando la bola pulgosa soltaba la plasta conforme le parecía? Pues resulta que sigue un criterio lógico, lo hemos descubierto. Detrás de la puerta significa Eso por el puro que me has metido. y en mi habitación o mi aseo significa Esto por dejarme solo. Que digo yo, si la dueña es mi hermana, ¿porque demonios no firma el chucho en su cuarto? ¿Eh?
Echo de menos a mi gato. Vale, era una peluca alopécica con patas pero tenía más clase que esta bola pelota, que a toda hora me está haciendo fiestas. Y sobre todo, ¡llevaba mucho mejor lo de estar solo! Que en aquella época la casa estaba prácticamente todo el día vacía y ahora el retaco baboso tiene a mamá en casa a su disposición. Bueno, esa es la teoría. Lo cierto es que en la práctica mi madre lleva fataaaaaaaal lo de ser ama de casa y, no sé cómo se lo ha montado, pero va más de culo que San Patrás. No para quieta un segundo.
Debido a cierta obligación ineludible, suele salir de casa temprano, justo en el momento en el que yo me meto en la ducha. El retaco es medio voyeur y gusta de entrar a cotillear a ver qué hago y vigilar que no se escape la toalla (si hace falta la muerde, faltaría más…) pero hoy, por descuido, he cerrado la puerta y al llegar a mi habitación la cosa había dejado su opinión al respecto debajo de mi cama.
Mientras lo contaba indignada a mediodía, mi hermana se reía y me decía:
—Mujer, eso es que te tiene cariño, no te enfades con él, pobrecito…
Mientras que a mí me consta que mentalmente añadía:
—A mí se me ha pasado más de una vez por la cabeza expresártelo de la misma forma…
Que no me lo dice porque sabe que le meto un viaje y la desmonto, pero que lo piensa.
Pero ella es joven, inocente aun. No sabe que quien siembra recochineo recoge una venganza pacagarse. Y resulta que al llegar a casa esta tarde me he encontrado al chucho en la puerta. Solo. Y me lo he subido a casa, donde no había nadie. He llamado a mi hermana:
—¿Dónde estás?
—¡En el parque, con el perro! —me lo dice así de convencida porque a diario le echo en cara que no juega con él ni lo pasea lo suficiente, cosa que me revienta porque (¿a que no lo sabías?) YO NO QUERÍA PERRO y el principal motivo de tenerlo formaba parte de una estrategia ideada a medias entre mi madre y La Tía Espléndida para aislar el componente humano de esa cosa con brazos, teclado y ratón que hay en un rincón del comedor y sacarlo paulatinamente a pasear, para que se fuese acostumbrando de nuevo a la radiación solar.
—Ah, con el perro… ¿estás jugando con él?
—Sí, bueno… ahora se ha metido por los bancales y yo estoy leyendo un poco…
En cristiano, me he traído un libro y paso del chucho como de comer lo que tenga a bien dejar entre los bancales.
—Ah, pues nada, cuando salga te vienes para casa… ciao.
Llega mi madre:
—¿Y tu hermana?
—Ha llamado y ha dicho que tardará un poquito, que le apetecía pasear...
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