Lunes, 26 de septiembre de 2005, 01:40
Stanislaw Lem
Contraportada: La obra del polaco Stanislaw Lem nos ha revelado a un escritor de prolífica imaginación y a uno de los más importantes narradores de literatura fantástica contemporáneos. Esta obra recoge los textos de los diarios de Ijon Tichy, un Gulliver de nuestro tiempo, cuyo peregrinaje sirve de lucimiento a un narrador que nos brinda un muestrario de cuentos filosóficos en los que Lem sabe describirnos la desesperanza humana frente a la anulación del individuo.
Extracto del viaje séptimo.
[...]
—Arriba —dijo, ayudándome a levantarme—. ¿Te has hecho daño?
—No —contesté, apoyando las manos en el suelo porque la cabeza me daba vueltas—. ¿De qué día de la semana eres?
—Del miércoles —repuso—. Vamos rápidamente a arreglar el timón, no perdamos tiempo.
—¿Y dónde está el del lunes? —pregunté.
—Ya no está, o tal vez lo seas tú.
—¿Por qué yo?
—Sí, porque el del lunes se convirtió en el del martes durante la noche del lunes al martes, etc.
—¡No entiendo!
—No importa, es falta de costumbre. ¡Ven, date prisa!
—Ya voy —dije, sin moverme del suelo—. Hoy es martes. Si tú eres del miércoles y el miércoles los timones no están arreglados, sabemos, por deducción, que algo nos impedirá la reparación, ya que, en caso contrario tú, el miércoles, no me apremiarías para que los arreglara contigo el martes. Tal vez fuera mejor, pues, no arriesgar la salida fuera.
—¡Estás divagando! —exclamó—. Piensa un poco, hombre. Yo soy el miércoles y tú eres el martes, en cuanto al cohete, supongo que es, si se puede decir, abigarrado. Tendrá sitios donde es martes, en otros será miércoles, incluso puede haber un poco de jueves. El tiempo se mezcló como cartas de una baraja al atravesar aquellos remolinos; pero a nosotros, ¿qué nos importa si somos dos y, gracias a ello, tenemos la posiblidad de reparar el timón?
—¡No, no tienes razón! —contesté—. Si el miércoles, en el cual tú estás, habiendo vivido y dejado atrás todo el martes, si el miércoles, repito, los timones no están reparados, por consiguiente no lo fueron el martes, ya que ahora es martes y si tuviéramos que arreglarlos dentro de un rato entonces este rato sería para ti el pasado y no habría nada por arreglar. Por ende...
—¡Por ende eres cabezota como un asno!—gruñó—. ¡Lamentarás tu estulticia! La única satisfacción que tengo es que rabiarás contra tu terquedad obtusa, como yo ahora, cuando llegues a miércoles.
—¡Ah, ya está! ¿Quieres decir que yo, el miércoles, seré tú y trataré de convencerme a mí, del martes, como lo estás haciendo tú en este momento, sólo que todo será al revés, tú serás yo y yo tú? ¡Entiendo! ¡En esto consiste el lazo del tiempo! Espera, ya voy, voy enseguida, lo he comprendido todo...
Pero antes de que me hubiera levantado del suelo, caímos en otro remolino y una fuerza de gravitación descomunal nos aplastó contra el techo.
Durante toda la noche de martes a miércoles no cejaron los terribles saltos y sacudidas. Cuando se hubo calmado todo un poco, la Teoría general de la relatividad me dio un golpe en la frente al cruzar la cabina, tan fuerte que perdí la conciencia. Al abrir los ojos, vi en el suelo fragmentos de la vajilla y, entre ellos, un hombre inmóvil. Me levante de un salto y, levantándole, exclamé:
—¡Arriba! ¿Te has hecho daño?
— No —contestó, abriendo los ojos—. ¿De qué día de la semana eres?
[...]
(i)Responsable: Eride | Bibliomanzana | Notas (8) | Referencias (0)
Vienen a dar la nota conmigo:
would | 28-09-2005 13:11:17
Eride | 28-09-2005 17:23:16
would | 28-09-2005 18:48:34
Eride | 29-09-2005 00:19:08
elpep | 29-09-2005 13:28:29
would | 29-09-2005 17:22:30
Eride | 30-09-2005 01:08:19
elpep | 21-10-2005 20:00:11