Viernes, 16 de septiembre de 2005, 04:29
Gente, que yo en el fondo os quiero pero dais mucho juego
O:-)
Y, además, fui buena y no protesté ante las aventuras de Los Tres Mosqueteros ( Kurthos, Wouldhos y Dwalkis)
Vivo en la playa, en una zona con enorme afluencia turística, de los cuales un alto porcentaje son madrileños. Además, qué quieres que te diga… se hacen de notar. Se caracterizan por llegar completamente estresados. En principio, a partir del cuarto o quinto día de playa ya se les puede más o menos tratar, pero no te puedes fiar ni un pelo porque siempre queda alguno dispuesto a hacer valer sus derechos.
Obviamente hay de todo en todas partes, pero después de varios años en el mercado laboral levantino ejerciendo los más diversos oficios, puedo afirmar tranquilamente que el 90% (y no digo todas para no pillarme los dedos) de las veces que un cliente me ha montado una pelotera, o he visto cómo se la montaban a alguien, el susodicho era de Madrizzzz, pero así, con muchas zetas. A menos tiempo que lleve la familia del personaje (que suele ser originaria de Ciudad Real o Valladolid) residiendo en Parla o Alcorcón, más zetas pone cuando lo dice. Que lo dice, créeme que lo dice y MUCHO… a veces te ves teniendo que contestar a cosas como esta:
— Pues sí, necesito que el apartamento tenga sofá-cama. Es que verás, somos de Madrizzzz y venimos cinco.
Y tú te quedas mirándole con cara de canelón y te muerdes la lengua para no preguntarle:
— Oiga, si fuesen ustedes de Toledo ¿harían dormir a la abuela en una hamaca en la terraza?
En fin, fans a la capital del reino en esta zona no faltan, algunos más radicales que otros. Mar se lamentaba profundamente cuando quitaron el indicativo provincial de las matrículas.
— Que no, mujer, ahora ya no sabes si son de aquí o de fuera. Que se te saltan un STOP y no es lo mismo gritar ¡gilipollas de mierda! que ¡madrileño gilipollas de mierda! Es que no queda igual, Eride, no me jodas…
Las formas de combatirlos… bueno, hay varias. Yo recuerdo una ocasión, hace años en un accidente de tráfico, en la que tuvieron que llamar a la poli mientras a mí me encerraban en un coche y a la mujer del alcorconero en otro, cuando ya estaba prácticamente decidida a tumbarla de un puñetazo. Pero no lo recomiendo, no es bueno para el karma. Es mucho mejor la opción B, de la cual mi amigo Marcos hizo el otro día buena demostración.
Marcos se había dejado sus llaves en la oficina, tan sólo llevaba encima el llavero del coche y el mando automático del garaje donde estaba aparcado, cuando recordó que tenía una cita. Al llegar a la puerta del garaje, pulsó el mando para entrar y en ese preciso instante salió un vecino “de temporada” del edificio, un señor de unos cincuenta y muchos años (¡adivina de dónde era!) que, sin pedir ni permitir explicaciones, se abalanzó sobre él increpándole por no haber hecho uso del acceso peatonal.
— ¿Acaso es usted un coche? ¿Eh? ¡Diga! ¿Es usted un coche?—concluyó su arenga.
A lo que Marcos, con la experiencia que proporcionan los años y sin que su aspecto de accionista mayoritario de Telefónica se lo impidiese, le miró fijamente a los ojos con esa expresión, mezcla de seguridad y desconcierto, como si le hubiese preguntado por qué el mar no se cae y le respondió, convencido:
— ¡Pues claro!
Y acto seguido, con una sonrisa de oreja a oreja, introdujo su llave en un contacto imaginario, exclamó ¡¡¡RUMRUMRUUUUMMMM!!!! y descendió por la rampa del garaje a cuatro patas, rugiendo como un Ferrari, ante un alcornoquense a cuadros.
(i)Responsable: Eride | Manzana Parabólica | Notas (24) | Referencias (1)