Viernes, 02 de septiembre de 2005, 02:23
(¿Y qué querías que hiciese?)
Hoy ha tocado peluquería. Primera hora de la tarde, primera clienta:
horreur. Normalmente voy los sábados a media mañana cuando ya está el zoo en pleno esplendor: la plantilla de personal al completo, la viejecita de pelo plateado que viene a tintárselo de gris, la enmorcillada en un top con lentejuelas que no admite que sus días de cheerlader y reina del baile ya pasaron y el rubiomarilyn le sienta como el culo a las patas de gallo
(te verías más joven si fueses menos artificial, mona), el ama de casa de mediana edad tirando a medianísima que viene a retocarse su funcional casco-corte no-hay-que-peinarlo-porque-ya-se-queda-así-pasiempre, el bakala pueblerino que se deja caer para que le rapen la nuca y al que veo largarse a los cinco minutos y medio tan campante, mientras me juro a mí misma que me voy a volver a cortar el pelo
a lo chico…
Esa promesa me la hacía mucho antes
(antes de volverme la buena chica que tú conoces ahora). Todos los domingos por la tarde. Esa y
no vuelvo a salir en la vida, te lo juro, Mar. Si te aburres, cómprate un mono. Tú también te la hubieras hecho si hubieses gozado de ese despertar semanal, con un estropajo tamaño pizza familiar con extra de aroma de cenicero en la cabeza. Pero a ver quien es el chulo que se mete en la ducha a las diez de la mañana con semejante castaña. Si atinas a quitarte las lentillas da gracias.
Yastamos… ¿Qué te estaba yo contando? Ah, sí. La peluquería. Cuando el zoo está abierto, los despellejamientos marujiles harían sonrojarse a la Lidia Lozano esa, te lo prometo. Conmigo al final desistieron por aburrimiento:
— Sí, Eride, mujer… la hermana del marido de Carolina, que es esa chica que trabaja en el drugstore… ¡claro que la conoces!
— Sí, si seguro que de vista la conozco pero es que ahora no caigo….
Pues no, la verdad, no caigo. En el drugstore trabaja una chica rubia, simpaticona, que en una ocasión me regaló un mechero de propaganda. Más ya…
Así que, generalmente, se entretienen entre ellos y yo puedo dedicarme a mis musarañas, que las tengo malcriadas y requieren atención constante. Pero hoy no. Hoy alguien tiene que darle conversación a la peluquera y, entre la cafetera y servidora, tengo bastantes más posiblidades de que me toque a mí. Así que, muy hábil yo, saco el tema del pelo. Le comento, preocupada, que estas últimas semanas noto que se me cae.
— Eso es por exceso de ácido láctico, tengo yo aquí unas ampollas que van fenomenal para eso. ¿Se te cae mucho?
— No, pero como no estoy acostumbrada… ¡además, es que da una imagen penosa!
En la oficina es una gozada. Tú estás ahí, con un alemán cuadrado y seriote al que quieres dejar claro que la eficiencia española existe y, cuando se inclina a firmar algo, ¡PLOIIING! Lo ves. No sabes cómo, pero el mamón ha conseguido reptar, salvar la grapadora y el calendario que reza
¡Aguanta, Eride, AGUANTA! ¡Ya queda menos! y yace, delator, bien espatarrado, gritándole al teutón
¡Mi dueña es una guarra que va dejando pelos por las mesas!. O notas una pequeña molestia en el brazo y cuando por fin miras hay un pelo haciendo puenting en tu codo. Argh. Que ajco. No puedo con los pelos individualistas, me superan.
— Eride, un pelo de tanto en tanto es normal con esa melena… ¿además, estás más estresada últimamente?
¿Qué hago? ¿Me río o lloro?
— Nah, sí… bueno, ya sabes, el verano aquí…
Pues mira, hoy no voy a salir en el telediario segundaedición gracias a esta providencial tarde libre, si tú no me toreas mucho.
Jo, qué pedazo de post… vamos a ir resumiendo. De ahí ha pasado a la disertación sobre los motivos por los cuales la sociedad del siglo XXI está estresada, me ha hablado de su hijo, que se las ha cargado todas y se lleva el móvil al lavabo
(ya, yo también estoy tratando aun de encontrar la relación). Me ha hablado de su sobrino, al cual están pensándose si injertarle la play de algún modo para que al menos así salga de casa. Me ha explicado las razones por las que no tiene ni tendrá móvil
(viva el comedimiento y las posturas razonables). Y entonces, ENTONCES, es cuando ha pasado a poner a caldo internet, los ordenadores y a los pringados como tú, que llevas tres horas leyendo este tocho de post y aun vas a bambar por unos cuantos blogs más.
Y las Erides nos hemos tenido que reunir en consejo de emergencia.
— ¿Contraatacamos?
— Y una mierda, hoy no. Que puede salir alguien herido.
— ¿Y nos vamos a callaaaaaaaaaaar, rajadas de mierdaaaaaaaaaaaaa?
— Nos vamos a callar, subnormal, porque tiene unas tijeras en la mano, porque, además, estamos molidas y porque no vale la pena. Que cultive otro esta amapola.
— Pero haced algo, haced algo, ¡que no se calla!
Y lo he hecho.
— Oye, cambiando de tema, ¿cómo lleva Pili lo del divorcio? Porque el otro día vi a su ex en un garito de la playa y parecía contento con la nueva muñeca que se ha comprado...
Y el que esté libre de pecado, que no visite BOASAS.
—¡Un juego! Se llama, a ver quién dice la mentira más gorda.
Yo primero: realmente disfruto de la compañía de la gente.
Tu turno.
—Oh, lo siento. Yo no digo mentiras.
— Bien, yo seré...Tú ganas.
(i)Responsable: Eride | Por Manzanas | Notas (20) | Referencias (0)