Martes, 30 de agosto de 2005, 02:17
(Pues el otro es peor...)
— Eriiiiiideeeee, ¿tú sabes cómo funciona el fax?
— Hombre, pues una ligera idea sí tengo…
— Es que me da error…
— ¡Hostia! Qué mensaje más raro… "Falta papel". Vamos a probar a ponerle, ¿eh?
[…]
— Eriiiiiideeeeeeeee
— ¿Mmm?
— Que es que no sale el fax, no sé que le pasa…
— A ver… ¿cuántas veces te hemos explicado que hay que marcar primero el cero también en el fax, para pedir línea al exterior, exactamente igual que con el teléfono?
— Ah, jeje, es verdad… Si es que estoy perdiendo memoria. La vida que llevamos, Eride, que es fatal para la salud. ¡Los móviles esos nos fríen el cerebro! Pero he leído un artículo buenísimo sobre el ginko biloba que…
Te presento a Metrosexual Numberone, de profesión hipocondríaco. Lo único que le preocupa más que su salud es su pelo, o el inquietante comienzo de la ausencia de éste, más bien. Todo es malo, todo es nocivo, todo da cáncer. Pero él no deja de comer grasas, ni de ponerse ciego de alcohol, ni de fumar, ni de usar móvil, ni de darme por el culo. Ni estornudar a gusto me deja:
— ¡Pero no gires la cabeza, loca! ¡Te vas a desnucar! ¡Al amigo de un primo de mi cuñado le pasó! Y dice mi cuñado que en el entierro dijeron..
— Mira, Jaime—le interrumpo— Si la palmo de un estornudo, a mí no me enterréis, te lo pido por favor. Tiradme por un barranco, por gilipollas…
O cuando aun batallaba con mi alergia extraterrestre. Aparezco un día en la oficina con una ronchita roja en la tripa y en una de esas, al tratar de alcanzar un archivador en uno de los estantes más altos, se me levanta la camiseta y queda al descubierto. Y el tío me mira como si estuviera Alien a punto de salir de ahí arrastrando tres o cuatro metros de intestino, se retira chocando contra la estantería y rebuzna con todas sus fuerzas:
— ¿PERO ESO QUE EEEEESSSS??
Me tocó presentarle la ronchita a toda la puta oficina, para que no pensaran que compartían croisssants con Diana, la de V.
Y bueno, montones, podría estar tres folios de Word contando historias como esas. Pero lo que más me revienta, lo que de verdad me saca de quicio, es que haga de ello una moda. Se empapa de suplementos culturales y revistas de tipo Natural y se cree hasta los pasatiempos. Luego, y hasta que encuentre algo más exótico y atractivo, soy yo la que tiene que aguantar tres días de perorata sobre las virtudes del Feng Shui (mueve mi papelera y serás foie) o lo mucho que te crece con el té verde. Que a ver, yo tomo té verde pero sé que no va a transformarme en Elle McPherson, ¡y menos al día siguiente de haber empezado, coño! Que tendrías que verlo…
—Hoy ya he empezado con el te blanco, y no te imaginas, Eride, qué vitalidad… Las propiedades de este té son mágicas, los chinos llevan miles de años tomándolo y encima queda muy poco, es muy difícil de conseguir y lo venden muy caro pero vale la pena porque ya me siento más ligero, con más energía, más.. más… elevado.
Es tu neurona, que se escapa flotando, ¡gilipollas! A éste le vendes plutonio con una etiqueta (preferiblemente verde o color paja) que diga NATURAL, le dices que es sin conservantes y se lleva tres sacos, tan feliz. Y probablemente hasta le eleve también.
Aunque claro, la que coge fama de rara soy yo. Pero es que me salió del alma preguntárselo a la vendedora con la que estaba hablando, cuando volví a escuchar ese tonillo familiar:
— Eriiiiideeeeeeee….
— Oye, Rosa, ¿tú sabes si el ginko biloba lo venden en supositorios?
Tranquilos, le estoy poniendo remedio...
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