Miércoles, 24 de agosto de 2005, 01:58
(No te cases, Lassie, no te cases...)
Es un follonero. Si lo llego a saber no trago. Es como un bebé, ¿qué digo? Es peor que un bebé: da la misma brasa pero huele peor. A ver, que el bicho esta limpio, pero huele a perro, coño, y mi adorada madre, junto con la carrocería de la nariz, me legó parte de su sentido del olfato (si me lo llega a legar todo, me suicido con el bote de ambipur, lo juro) Que conste que no es una reclamación, ¿eh? La napia que venía por lado paterno tiene forma de alcachofa, así que me libré de una buena.
El caso es que el olfato fino es una maldición. Y eso que fumo, que se supone que si dejas de fumar se te potencia aun más. Adivina quién no se lo va a dejar…
Cada vez que juego con el bicho me toca lavarme las manos (y aquí mi mente divaga y se pierde en Sendero… ¡mierda! con lo bien que iba…)
Mmm.. el perro, el perro…. Ah, sí. Eso, lloriquea continuamente hasta que te lo subes al regazo, lo muerde TODO y tiene una especial predilección por el esmalte de las uñas de mis pies (es que no llega más arriba tampoco…). Eso sí, listo y obediente un rato largo. Como es muy chiquitín todavía para pedir salir, nos recomendaron que le pusiésemos un papel de periódico en la terraza y nos dieron un par de trucos para enseñarle que ese era el sitio. Ha funcionado, sin duda. Sacas al perro a pasear al campo durante dos horas y lo primero que hace al llegar a casa es ir directo al periódico.
Hoy, cuando he llegado, andaba loco, pero loco-loco. Brincaba como si el chopsuei ese tuviese extracto de saltamontes, tú… y corría que se las pelaba pasillo arriba, pasillo abajo. Finalmente mi madre ha descubierto lo que le pasaba, la puerta de la terraza estaba cerrada. Un charquito ridículo para el periódico, una catástrofe para la human.. digoooo, para la alfombra del recibidor.
Así que mi madre, que está decidida a tener un perro a imagen y semejanza de los de la Reina Isabel (qué clase, qué distinción, qué modales…) se ha comprado un libro especializado, el Manual del Adiestrador y se lo ha aprendido de memoria.
Igualito que el perro de Mar, al que le hacen una comida aparte y tiene lugar propio en el sofá más cercano a la chimenea. Como se lo intentes quitar (ya no digo yo, incluso ella, que es de la familia) no veas la que te lía. ¡Que se ofende y todo el bicho, no es broma!
A mí lo del manual ya me pareció un peligro. En manos de mi madre cualquier manual es un peligro porque es de esas que se los lee (y, lo que es peor, ¡los sigue!), pero ella insistía en que era necesario para aprender a educarlo. ¿Te puedes creer que un tocho de trescientas y pico páginas, con el que puedes enseñar a tu perro hasta a ladrar en asonante, no dice como enseñarles a pedir el pis?
Pues es verdad. E insisto, el libro es un peligro. Y la prueba, mi cara de esta noche al entrar en el comedor. Mi madre estaba de pie muy seria ante el perro y mi hermana. Señalaba a ésta última y le decía, muy enérgica:
— ¡TÚ eres el jefe de la manada! ¿Está claro?
No ha sido hasta finalizar el post que he caído en que es dogchau, no chopsuei. Lo siento por los amantes de la comida china. Paso de rectificarlo porque tampoco encuentro tanta diferencia…
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