Miércoles, 10 de agosto de 2005, 03:34
Gracias a todos. Lo siento :-)
Al final tenemos perro. Es una bolita enana de color indefinido que ayer, cuando la trajeron, parecía tonto de tan pánfilo, hecho un higo y medioacojonao, y hoy ya se cree el rey del mambo. Le ha mangado una chancla a mi madre, se ha puesto cómodo en el sofá y luego se ha merendado una planta de las pequeñas. Primero lo ha intentado con el ficus, pero para él debe ser una especie de roble centenario y le habrá dado respeto, digo yo. Es porque es joven, cuando crezca lo tumba y urbaniza una ristra de casetas adosadas sin pensárselo, con árbol de diseño y comedero de aluminio del malo a juego. Fijo.
El caso es que mi madre, como con todo lo que se le acerca y se mueve, se ha puesto a ejercer de tal:
—Ahora hay que acostumbrarlo, nada de malcriarlo, nada de darle de comer fuera de horas, nada de darle galletitas si no es como premio y, sobre todo, ¡nada de darle de comer algo que no sea pienso del suyo! Y empezad a dejarlo solo a ratos desde ya o luego llorará todo el día..
El bicho la miraba con cara de
Hostia, donde me han metido a mí… y mi hermana
(su dueña) y yo asentíamos vigorosamente. Ella no sé, yo estaba pensando en si había lavado el bikini el domingo o no.
A las tres de la mañana mi estómago me recuerda con un dulce
¡GROAARG! que lleva en
stand-by desde mediodía. Entro en la cocina y la bola de pelo salta de su cesta. Me preparo un bocadillo y se me queda mirando con cara de
Yeh, tía, comparte, ¿no?. Miro hacia la puerta. Miro el bocadillo. Miro de nuevo hacia la puerta. El bicho mira también. Plantamos las orejas. Nos miramos a los ojos.
Va. Si total… Me agacho y le doy un trozo de mortadela. Se lanza sobre ella y trata de reducirla ferozmente pero la mortadela se resiste con valentía y se mete debajo de la nevera. En eso se oye
¡BOOOMOINK! cuando el tontolculo del perro se deja los morros contra los bajos, tratando de entrar tras ella. Total, que me apiado y le doy otro trozo, y mientras se lo estoy aguantando para que no se le vuelva a escapar, allí en cuclillas
(la cosa mide diez centímetros de alto, si llega) veo como se abre amenazadoramente la puerta de la cocina: mi madre.
Dándole de comer comida normal. Una regla rota. Dándole de comer fuera de horas. Dos reglas rotas. Jugando con él cuando se supone debe estar solo. Tres reglas rotas. El traidor del perro pone cara de
A mí no me mires, que ha sido ella. y se pone a lamerse su proyecto de huevecillos. Mi madre me fulmina con la mirada y salgo escapada de la cocina pero aun no llevo ni cinco minutos en la habitación cuando se escuchan los lloriqueos del bicho.
Llora, llora. Mejor tú que yo. Si voy a buscarte me desheredan..
El tontobicho llora más fuerte. Cuando estoy a punto de rendirme e ir a por él, se abre la puerta de mi habitación: mi madre.
-¿Has visto lo que has conseguido? Ahora se queda contigo toda la noche y lo aguantas tú. Me suelta dentro la cesta, con la bola llorona dentro y cierra de un portazo.
Lo que necesito saber es:
a) ¿Cómo consigo que deje de roncar en mi regazo sin llorar? Porque estoy terminando el post y en algún momento tendré que acostarme.
b) ¿Qué le cuento mañana a mi madre cuando venga a por mí? Ahora no me ha dicho nada porque, afortunadamente, el murcielaguismo no lo saqué de ella, y a estas horas no vale ni para tacos de escopeta. Pero mañana voy a pagar cara mi osadía, lo sé.
c) Y sobre todo, lo más importante, ¿qué pasará por haberle dado de comer al bicho después de medianoche? Mi madre eso no lo explicó. O lo explicó cuando me acordé de que el bikini sí, pero los vaqueros no, no sé. No hago más que mirar esa cosa que hay sobre mis piernas con aprensión, por si empiezan a salirle bolas de pelo de la espalda, que se conviertan en clones suyos y acaben con el ficus entre todos.
Socorro.
Pero lo que de verdad me preocupa es ¿qué pasaría si mi ex-gato, al que mi madre dio pasaporte, se enterase de esto?
(i)Responsable: Eride | Flora y fauna | Notas (17) | Referencias (0)