Martes, 19 de julio de 2005, 01:13
(Me ha salido un tocho, ya. Pues oye, es lo que hay...)
Principios del año 2000. Yo por aquellos entonces estaba estudiando fuera. Es jueves por la tarde. Suena el móvil. Lo cojo. Es Mar:
—¡YEEEEEEEH! ¡ERIDEEEEEEEEEE! ¡PETAAAAAAAARDAAAAAAAAAAA!!!! (hace lo menos dos meses que ni nos vemos ni hablamos. Esta es su forma de demostrarme su amor)
— Hola, fea, ¿qué cuentas? (es mutuo)
— Este fin de semana tienes que venir, Eride, ¡tienes que venir!
— ¿Qué has roto?
Se ríe con alborozo.
— No he sido yo, ha sido Cristina.
De fondo oigo las carcajadas inconfundibles de Cristina y a la borrica de Vero:
— Decidle que le hemos alquilado un boys, ¡veréis que tarda!
— Mar, dile a Vero que se alquile un cerebro, anda.
— Vero, que dice Eride que te la pique un pollo.
Ains, qué haría yo sin Mar…
— Bueno, eso, que este fin de semana te vienes, ¿eh?
— ¿Y ahora me lo dices? Es jueves.
— Móntatelo como quieras, pero esto tienes que saberlo y no te lo voy a contar por teléfono.
Se sigue un rato de tira y afloja en el que Mar hace una perfecta imitación de una tarrina de paté y, finalizada la conversación, una de las chicas con las que vivo me pregunta al respecto y, tras contárselo, sentencia:
— Esa se ha quedado embarazada.
— ¡Andayaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¿Tú te esnifas el Fairy o qué? Conoció a su novio hace un año, llevan cuatro días viviendo juntos. No estarían tan contentas por un penalti, créeme. Cristina es un putón verbenero (love is all around meeee), tiene 23 años, ¡por favor!
— ¿Pues entonces?
— Yo qué sé... se quería operar el pecho, igual se ha decidido y es la fiesta de presentación en sociedad. ¿Ves? Eso ya es más cristinero…
Llegado el viernes, nos tomamos una cerveza en un pub en el que compruebo que:
a) El pecho de Cristina no parece haber sufrido modificaciones
b) Mis amigas parecen estar disfrutando de esto y
c) Soy tan sumamente cabezona y orgullosa que aun no he preguntado nada.
Camino del restaurante, en el coche, les digo:
— Bueno, ¿qué? ¿Vais a empezar a hablar ya o tengo que montar una escena?
— Va, ¿se lo contamos?
— Venga, cuéntaselo.
— No hay nada que contar, Eride…
— ¿Mande?
— Eso, que no pasa nada, ha sido un truco para hacerte venir, que ya no nos acordábamos de tu cara, cabrona.
— No sé si llorar de emoción o mandaros a la mierda… ¿tú sabes las películas que me he montado yo desde ayer? Y les cuento entre risas la teoría de mi compañera de piso.
— Desde…¡AAAAAAUIMBEEEEECIL!
El rebuzno lo da Inma, al tiempo que Vero grita:
— ¡Eh, eh, un chiste!
Y entre la coral con su éxito ¡Otro no, por favor!, los quince minutos que tarda Vero en contar cualquier chiste, porque primero te hace un esquema del árbol genealógico de los protagonistas, y el bis de la coral, No sé cómo lo haces, Vero, pero cada día son más malos, llegamos al restaurante.
Una vez cenando, Cristina se dirige a las demás:
— Va, se lo decimos ya, ¿no?
— ¿Otra vez? ¿Pero no habíamos quedado en que no era nada? ¿Por qué no os vais a vacilarle un ratito al camarero de la barra, que tiene pinta de aburrirse?
— Que no, Eride, que va en serio. Esto… estoy embarazada.
— Lo que tú digas.
(todas) — Que sí, Eride, que es verdad.
— Que sí, que yo también, de un extraterrestre invisible que me violó mientras dormía.
— ¡QUE VA EN SERIO, COÑO!
Suelto lentamente el tenedor sobre el plato y las miro una a una. Vero miente más que habla (y ya es decir…) y a veces hasta se lo cree, así que descartada. Inma hacía parecer a la Virgen María una irresponsable en su día, cuando la conocimos, pero los años con nosotras han pasado factura. Mejor no fiarse. Mar es una desvergonzada y me miente a la cara sin pestañear y sin que se le note, a pesar de que nos conocemos desde que medíamos aproximadamente lo mismo que el primo bajito de Torrebruno. Pero con Cristina he trabajado en una guardería y aprendí a leerle que Encárgate tú de la niña francesa, que yo no la entiendo significaba Que te vaya bonito con esa zorra de Nancy de un simple vistazo. Los ojos de Cristina me dirán la verdad.
— ¿Eride?
— ¡Eride, tía!
— ¡Mar! Que no reacciona…
— ¡Yeh! ¡Inútil! ¡Despierta!
— Joder, si es que ya os dije que había que decírselo poco a poco.
— Traedle agua.
— ¡Qué coño agua, pide whisky!
— ¡Eride, bonitaaaaa, que es buscado, que no pasa nada!
— Eride, di algo…
Y la remata Inma:
— ¡Si es que no sé para que coño me pellizcas! Se lo teníamos que haber dicho en el coche cuando ha abierto esa enorme bocaza que gasta.
Ahora que yo, resistiré. ¡NOOOO NOOOOOO NO NOS MOVERAAAAAAN!
(i)Responsable: Eride | Neurosis manzanil | Notas (22) | Referencias (0)