Martes, 05 de julio de 2005, 03:07
(Yo sigo en mis trece de encontrar pareja a base de hablar de mis habilidades)
De vez en cuando me quedo en modo stand-by. Las funciones vitales responden, las motoras también y las cerebrales… bueno, digamos que disimulan. La gente que realmente me conoce, que creo que vienen a ser dos personas (y una tercera que viene en camino… ¡felicitadme! Estoy de enhorabuena…*) ha aprendido a distinguir esos signos que emito para que parezca que estoy prestando atención a mi interlocutor. Pero, dada la experiencia que proporcionan los años, me he vuelto realmente buena en el arte de dejar volar mi mente sin que le den de hostias al cuerpo, por desconsiderada.
Antes se me notaba mucho más. Uno de los okupas del piso compartido en el que vivía solía decir Hala, ya se ha ido Eridita… en cuanto me veía con la mirada perdida. Y es que realmente me voy y no siempre consigo evitarlo. Al volante resulto un peligro porque las funciones motoras vienen a responder como el cerebro de una rana: si se mueve, no problemo, pero ¡Ay, el camión aparcado que deja un espacio justo para pasar! O ¡Huy! ¿Estaba rojo? Con razón el del carril de la izquierda estaba parado… ¿me habrá pitado por eso?
En fin, tampoco te asustes, Mapfre aun no me ha declarado persona non grata. Las letras del coche nuevo han hecho mucho por mi concentración al volante y, salvo cierto incidente reciente con el parking de un supermercado (malditos, me tienen enfilada…), la chapa no ha sufrido más modificaciones.
Pero vamos, que me veo, ¿eh? Me veo...

El problema es que, en ocasiones, la información que recibo cuando estoy en pleno viaje astral me llega un pelín distorsionada. En mi cerebro dejan a una de las pocas neuronas supervivientes de mi último periodo
lúdico-festivo de guardia (que la mitad de las veces se duerme) y el resto se pira. Y pasa lo que pasa, como muestra un botón:
De nuevo, primera mitad de los años 90
Seis quinceañeras están a punto de comenzar 2º de B.U.P. Deciden irse
de compras. Semejante acontecimiento bien merece unos cuantos estuches
ultrafashions, carpetas con fotos en blanco y negro de macizorros, gomas de borrar con olor a postre pijo francés y demás enseres necesarios para dejar en la cartera mientras se juega al futbolín en el pub junto al instituto.
Pero deben ser enseres
a la última y la excusa es perfecta para montar una buena aventura. Cogerán el tren turístico
(léase, a lomos de una cabra coja llegas antes) que recorre la provincia, y de la cual se encuentran más o menos a mitad de camino.
No me hagas explicarte cómo, pero yo aquel día pisé las dos estaciones que inician y finalizan el recorrido, amén de tener que quitarle las etiquetas a todo lo adquirido en el tren, so pena de que nuestros padres, en un arranque a lo Poirot, se acordasen de que en el pueblucho al que teníamos autorización para ir no hay Corte Inglés.
Bueno, que me pierdo, las seis quinceañeras llegan a la Gran Ciudad. Hay que desplazarse. Eride es una mujer de mundo, que para eso lee. Cogerán el metro. Empiezan a buscar algo que parezca una entrada subterránea y ¡bingo! Ahí está. Comienza el descenso y Eride, en ese preciso instante,
se va. Sigue bajando escaleras y abre una puerta. Ve un montón de coches. La neurona ronca y sisea
Es el parking del metro Y sigue descendiendo escaleras, y abre una segunda puerta, que también da a un espacio lleno de coches. Y en eso parece que vuelve la luz, la neurona bosteza, nota algo raro, hace que me gire y pregunta en voz alta:
- Oye, ¿pero acaso en Alicante hay metro?
Y lo mejor no fue que todas se quedasen mirándome con cara de canelón, no. Ni que todas hubiesen visto los coches de la primera planta y tampoco hubiesen dicho nada, tampoco. Lo mejor fue el comentario de Cristina:
- ¡Ah! Pues va a ser un parking… porque yo arriba he visto una P blanca sobre un fondo azul.
No éramos de pueblo, no…
*
Verás Eride como algún vaina piensa que estás preñada…
(i)Responsable: Eride | Neurosis manzanil | Notas (23) | Referencias (0)