Lunes, 20 de junio de 2005, 00:39
(O la historia de un regalo de cumpleaños atrasado)
Lo bueno de tener una tía espléndida y decidida es que, de siempre, sus regalos son los mejores. Lo malo, que te mete en unos jardines que paqué… A alguien le conté en su blog a una ocasión (debió ser a la sádica de Shakti , que disfruta como una enana ensartando cosas a las que les lata un corazón) que hace años me arrastraron a una consulta de acupuntura a que me hicieran pinchoterapia en las orejas. Pues fue cosa de ella, mi tía la Espléndida, cuando aun hacía conmigo lo que quería. En lo que no ha cedido ni un ápice es en lo de darme a mí el dinero, como solía hacer mi abuelo (que pasaba mucho el hombre de complicarse la vida) porque dice que me conoce y no le da la gana de que me lo gaste en chorradas del ordenador y libros raros (que yo me pregunto, ¿a cual de mis joyas se referirá? Envía un SMS con la palabra JOYA seguido de Marranadas por Marie Darrieussecq o Ubik por Philip K. Dick al 5555. Sorteamos una tía entre todos los participantes).
Bueno, que me pierdo, el caso es que, cuando por mi cumpleaños se ofreció a llevarme de compras una tarde a modo de regalo, me froté las manos intuyendo lo mucho que iba a caer, pero por motivos familiares no fuimos hasta ayer. El primer momento memorable de la tarde fue justo al entrar al centro comercial, cuando junto a un cartel que rezaba El poder de la moda me llegó de la forma más oportuna un mensaje al móvil de uno de los metrosexuales , a raíz de la manifestación beata. Decía Que el otro lado de la cama lo ocupe quien tú decidas y no un obispo. Por la libertad de elegir. Pásalo. A ver, que a mí la idea me parece buena (pensar así, porque hacer de ello una cadena me parece una subnormalidad y yo con mi presupuesto para móvil tengo cosas mejores que hacer que ponerme a estas alturas a evangelizar al pueblo). ¡Pero es que la única vez que fui tan estúpida como para discutir este tema en el trabajo, precisamente con él y otro, me tuvieron que quitar la grapadora de las manos y tirarme agua fría por encima! Vaya un personaje para remitirme ESE mensaje…
¿Ya estoy otra vez desvariando? Yo te quería contar lo que pasó en los probadores (mi eterna maldición, tengo historias de terror en probadores para dar y regalar). Los de puerta muy chulos, pero ¡ay los de cortina..! Estaba Eride, tan feliz ella, a punto de entrar con seis o siete prendas a un probador con cortina cuando su tía la Espléndida le puso unos vaqueros en la mano.
— Toma, ¿no es éste el modelo que querías?
Los cojo, dándole las gracias sin mirar, y entro. Lo cuelgo todo y empiezo por esos vaqueros. En esos momentos aun no lo sé, pero la espabilada ha cogido los primeros que había colgados, que resultan ser de una talla 34. ¿Quién cojones cabe en una talla 34? Porque tengo una amiga que es un palo, que si la pones de canto no se le ve, y utiliza una 36, coño.
Bueno, yo no lo sabía, así que meto las piernas, empiezo a tirar de ellos hacia arriba y al intentar meter las caderas aquello dice hasta aquí. Y una, que es cabezona y no son los primeros vaqueros ajustados a los que se enfrenta, dice ¿seguro? al tiempo que da saltitos y tira de él frente al espejo. Y en ese momento mi tía, que había encontrado un vestido CON LENTEJUELAS que (dios existe y tiene buen gusto) no me costó un disgusto porque directamente no me venía (al llegar me comí un donut a modo de ofrenda), abre de golpe la cortina para dármelo. Y yo me doy la vuelta a la velocidad del rayo, justo a tiempo para ver la transformación de la mirada de un pobre chaval que sostiene ocho bolsas de tiendas de ropa femenina. De tener cara de y yo aquí, sin un Carrusel Deportivo que llevarme a la oreja acaba de poner cara de haber visto a la Virgen.
Si la Virgen usara tangas de topos de colorines, intentara taparse desesperadamente con una percha, se pisara las perneras del pantalón (¿quién cojones usa una talla 34 y mide dos metros y medio?), resbalara y se dejara un cuerno en el espejo, atrayendo la atención de los pocos clientes que aun no se habían coscado.
Y te repito, yo prefiero que no me creas y pienses que soy una cachonda y me lo invento para hacerte reír.
(i)Responsable: Eride | Neurosis manzanil | Notas (17) | Referencias (0)